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jueves, 31 de diciembre de 2009

• Rupert Sheldrake. Campo mórfico y resonancia mórfica •


Rupert Sheldrake y Jacobo Grinberg representan, entre otros, la punta de lanza que expande conciencias en el devenir de nuestra inherente espiritualidad y su eterna manifestación de

expansión-contracción. Humanos antes que científicos desvanecen delante de ellos la ignorancia en la que nos hemos mantenido a pesar del vacío creado por la Religión Científica de nuestros días que continúa erre que erre, error tras error monopolizando el saber y entender de una Humanidad sometida y esclava en aras del progreso y del desarrollo de una ciencia sin conciencia sobre la verdadera esencia del llamado planeta Tierra.


El biólogo Sheldrake lanzó una propuesta a quién lo quiera escuchar reflejada en su libro “Siete experimentos que pueden cambiar el mundo” en el que incita a los curiosos a llevar a cabo una serie de experimentos e investigar las fuerzas, campos que influyen sobre nosotros y sobre la Naturaleza cuando llevamos a cabo experimentos en cualesquiera de las disciplinas del saber humano, acuñando nuevos términos y conceptos como campo mórfico, resonancia mórfica, que han dado nueva luz y perspectiva a la Biología, Psicología, Sociología etc.


El campo mórfico pretende definir la existencia de un patrón o estructura energética que sería la que organiza la vida de los miembros de todas y cada una de las especies existentes y que se encargaría de “informar” a las células sobre cómo deben disponerse para formar al individuo de cada especie, determinando de manera sutil los movimientos, tendencias y comportamientos de todos los ejemplares de la misma.

El campo mórfico nos se encontraría en los genes, sino que se “ubicaría” en el exterior de cada individuo concreto. Sería el depositario de la información esencial que permite que la vida se desarrolle. Según Sheldrake, en los campos mórficos residiría buena parte de lo que actualmente llamamos instinto ( que suele ubicarse, sin prueba alguna, en algún rincón del cerebro). También sería la fuente u origen de los sentimientos religiosos o místicos. En suma, el campo mórfico no pertenecería al mundo físico, sino que sería inmaterial y constituiría una especie de memoria colectiva.

Y la resonancia mórfica? Sería una vía mediante la cual el conocimiento se transmite instantáneamente entre los miembros de una especie y ello independientemente del espacio y del tiempo.

La respuesta- reacción de los científicos reduccionistas fue brutal y directa como es de esperar cuando una bocanada fresca de conocimiento nuevo se hace sentir bajo las anquilosadas posaderas de los gerifaltes y voceros de una gerontocracia que yace muy cómoda y quiere impedir con todas sus fuerzas que sus viejos paradigmas sean mínimamente modificados.

Sheldrake con sus trabajos está queriendo decirnos que no existen leyes inmutables, solo existen hábitos y las llamadas constantes no serían mas que el reflejo temporal de unos hábitos muy asentados pero que se pueden ver modificados. En otros términos Sheldrake nos quiere decir que en la Naturaleza hay complejísimos sistemas en los que el todo y las partes están en continúa relación buscando el equilibrio. Por eso, cuando creemos que hemos encontrado una constante, en realidad se trata de la manifestación de un momento de estabilidad.

Estudiosos y agudos observadores como nuestros científicos se han sumergido previamente, décadas, en las enseñanzas mas antiguas de Oriente de la que extrajeron la importancia que representaba para la consecución de sus objetivos la compresión y conocimiento de la antes mencionada Geometría Sagrada, considerada ésta como la estructura morfogénica que se encuentra tras la propia realidad y constituye el soporte de las matemáticas.

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