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viernes, 30 de julio de 2010

Mosquito Tigre - Instituto de Ciencia Ambiental y Desarrollo Sostenible - ICADES

El Aedes albopictus es principalmente una especie que vive en los bordes de los bosques, que se ha adaptado a los ambientes rurales, suburbanos y urbanos. En el bosque deposita sus huevos y se desarrolla en huecos de árboles, troncos de bambú y axilas de hojas, mientras que en áreas urbanas ovipone en receptáculos artificiales. Es mucho menos”doméstico” que el Aedes aegypti, prefiriendo alimentarse y depositar sus huevos fuera de las casas en el ambiente peridoméstico o lejos de viviendas humanas. Es un ávido picador, pero a diferencia del Aedes aegypti, muestra una marcada predilección por los animales en lugar del hombre. Su distancia de vuelo parece ser algo mayor que la del Aedes aegypti, o sea, hasta 500 metros. Contrariamente al Aedes aegypti, es una especie adaptada al frío en Asia septentrional. Sus huevos sobreviven el invierno en estado de diapausa.
En los Estados Unidos, en las áreas donde el Aedes albopictus se ha establecido, se ha observado una tendencia en la población de Aedes aegypti a disminuir o desaparecer totalmente. Aparentemente esta situación se origina por la competencia entre las larvas por los alimentos o a la de los machos adultos por aparearse con las hembras. En el laboratorio, los Aedes aegypti hembras inseminadas por Aedes albopictus machos ponen huevos infértiles, y viceversa. Existe todavía mucha controversia sobre la ocurrencia y el mecanismo de este fenómeno de”desplazamiento de la especie”.
Estudios electroforéticos realizados recientemente han demostrado que las cepas norteamericanas y brasileñas de Aedes albopictus son genéticamente similares a las japonesas. Las cepas de diferentes lugares del sudeste asiático varían genéticamente, mientras que las norteamericanas son muy homogéneas. La semejanza genética entre las
cepas americanas y japonesas, junto con el hallazgo de Aedes albopictus en neumáticos procedentes del Japón, indica que la introducción de Aedes a1bopictus a los Estados Unidos tuvo lugar por medio de los neumáticos transportados en grandes contenedores de carga de ese país. La introducción futura de Aedes albopictus a otros países de las Américas parece probable.
En Asia y el Pacífico se ha demostrado que el Aedes albopictus es un vector del dengue, aunque es segundo en importancia al Aedes aegypti. En el Brasil, aunque el Aedes albopictus esté en muchas áreas donde el dengue es endémico, el Aedes aegypti también está presente. No obstante, en las áreas donde sólo se encuentra Aedes albopictus, todavía no se ha detectado ninguna transmisión de dengue.
En el laboratorio se ha demostrado que ambas especies transmiten el virus de dengue verticalmente (transováricamente), el Aedes albopictus más fácilmente que el Aedes aegypti. En consecuencia, durante los períodos en que no se están detectando casos de dengue en la población humana, el virus todavía puede transmitirse. La transmisión vertical es, al parecer, demasiado infrecuente como para que incida en la magnitud de la transmisión humana. En el laboratorio, Aedes albopictus transmite a los monos el virus de fiebre amarilla, pero no ha sido incriminado como vector en el campo. Hay poca superposición entre la distribución de la fiebre amarilla y Aedes albopictus en el Viejo Mundo. No hay fiebre amarilla en Asia y Aedes albopictus se ha encontrado en África solo recientemente. En el futuro, este mosquito podría cerrar la brecha existente entre el ciclo selvático de la fiebre amarilla y la población humana urbana susceptible de las Américas.
Hace poco tiempo se aisló en Florida (EUA) el virus de la encefalitis equina del este en Aedes albopictus y también se identificaron diversos arbovirus no patógenos, hallazgo que refleja la amplia gama de huéspedes posibles de esta especie de mosquitos.
En su segundo día de nacida, o sea apenas con un día de vida, la hembra comienza a buscar macho para copular y, pasados unos días más, inicia sus picaduras a las personas, alimentándose de su sangre, la cual necesita para madurar los huevos. En pocos días más, da inicio una serie de oviposturas, en los recipientes de agua que se encuentran descubiertos, sin tapa.
Aunque su vida es muy corta, quizás no más de dos o tres semanas, es suficiente para poner hasta unos 300 huevos en varias posturas, los cuales se quedan adheridos a las paredes de los recipientes, donde permanecen vivos por periodos de varios meses, completamente en seco, en espera del agua que les permitirá pasar a otra etapa del ciclo vital y continuar viviendo. En el momento en que los huevos sean humedecidos por agua, hasta un año después, surgen inmediatamente larvas diminutas de cada uno, que caen y comienzan a desarrollarse en el agua del recipiente. Entre una semana y ocho días más tarde, las larvas se transforman en pupas y dos días después, en adultos que continúan el ciclo de vida del mosquito.
Los recipientes colonizados (cántaros, floreros, baldes para guardar agua, etc.) con los huevos adheridos a su interior viajan a grandes distancias, cuando las personas se mudan, llevándose sus enseres domésticos. El transporte de neumáticos usados, entre
ciudades, o de países ricos a países pobres, para revenderlos, es una forma segura de distribuir el vector a zonas no infestadas, pues por tratarse de material de poco valor, los neumáticos generalmente son transportados en lugares expuestos de los navíos y entonces van recogiendo o dejando vectores en los puertos donde se detienen. Los mosquitos adultos viajan también, ocultos en el interior de los ómnibus, camiones, aviones y elevaciones de los edificios altos, y abandonan sus escondites al llegar a destino, infestando cada vez más viviendas humanas e invadiendo nuevas áreas.
Dengue y Fiebre Amarilla
Conviene mencionar en forma sucinta las enfermedades que con mayor frecuencia amenazan a la poblaciones de las áreas rurales y urbanas donde el mosquito Aedes aegypti puede participar como vector. Son la fiebre amarilla (F.A.), el dengue clásico y el dengue hemorrágico (DH/DSS).
Refiriéndose a la Fiebre Amarilla, desde el punto de vista epidemiológico, existen dos enfermedades distintas, la fiebre amarilla selvática y la fiebre amarilla urbana, el agente causante de la enfermedad es el virus de la fiebre amarilla, el mismo en ambos casos, y el cuadro sintomatológico también es el mismo. La diferencia fundamental entre fiebre amarilla selvática y urbana la determina el mosquito transmisor. En la F.A. selvática, es un mosquito silvestre de los géneros Sabethes o Haemagogus y en la F.A. urbana es el Aedes aegypti.
FIEBRE AMARILLA SELVATICA
Esta enfermedad ocurre, como su nombre lo indica, en áreas de selva virgen, donde existen ciertas especies de monos que se enferman con esta dolencia. En realidad, la fiebre amarilla es una enfermedad del mono y no del hombre; primeramente se enferman los monos, produciéndose a veces grandes epizootias. Aquellas personas que penetran a la selva sin estar vacunadas, como los cazadores, los buscadores de caucho o palmito, quienes trabajan abriendo carreteras, etc. se enferman al ser picados por mosquitos silvestres infectados. La cadena de transmisión se da a partir del mono enfermo que tiene en su sangre el virus de la fiebre amarilla; los mosquitos selváticos que pican al animal enfermo, recogen el virus y después pican a hombres sanos, que a su vez se enferman.
En el hombre, la enfermedad pasa por etapas. Hay un periodo previo llamado de incubación, después de la picada del mosquito, de unos seis días de duración. Cuando aparece el primer ataque febril se inicia la primera etapa de la enfermedad llamada viremia, de corta duración, generalmente de tres días. Durante esta etapa inicial, la persona enferma tiene el virus circulando en la sangre periférica, desde un día antes del inicio de los síntomas, y será capaz de infectar a los mosquitos que por casualidad la piquen. Es el período peligroso de la enfermedad, cuando los enfermos son capaces de abastecer parásitos a mosquitos que puedan diseminar el mal. Después de la viremia, el enfermo pasa por un periodo muy corto llamado remisión y entra a la toxemia, etapa en la cual se producen manifestaciones impresionantes, como el vómito negro, la epistaxis, uremia, melena (deyecciones negras como el asfalto), etc. La duración total de la enfermedad es de seis a diez días, con un período de recuperación de cierta duración. Las tasas de mortalidad
son elevadas entre las personas que no viven en el lugar, generalmente llegadas de las grandes ciudades. No existe ningún tratamiento específico contra la fiebre amarilla. La mejor manera de prevenir la enfermedad es mediante la vacunación, la cual se proporciona gratuitamente en las dependencias indicadas por el Ministerio de Salud, o en las campañas de vacunación, para proteger a las personas que viven en áreas cercanas a la selva, o en casas dispersas, dentro de ella, en lugares donde se sabe existe la enfermedad. También deben vacunarse, en forma obligatoria, las personas provenientes de las áreas urbanas que tienen que viajar a la selva temporalmente, diez días antes de su ingreso a la región selvática.
La vacuna es muy segura y no da efectos secundarios, siendo apenas necesario una revacunación pasados diez años. Se desaconseja aplicar medidas de control del mosquito en las localidades pequeñas y en casas dispersas del área selvática.
FIEBRE AMARILLA URBANA
Los casos de fiebre amarilla urbana se dan, en teoría, cuando una persona enferma de fiebre amarilla selvática, que se encuentra en la etapa de VIREMIA, se traslada de la selva a alguna ciudad donde existen altos niveles de infestación por Aedes aegypti, buscando atención médica. En este caso la persona enferma queda expuesta a las picadas de los mosquitos locales, que quedarían así infectadas, volviéndose aptos para iniciar cadenas de transmisión de fiebre amarilla urbana. Cuando el enfermo llega a la ciudad, el vector ya no es un mosquito selvático sino el Aedes aegypti.
En la práctica, es remota la posibilidad de iniciarse un brote epidémico de F.A. urbana. La razón es que se necesita que el enfermo se encuentre en la etapa de viremia al llegar a la ciudad, para ser capaz de infectar a los mosquitos locales. Por lo común, las personas se enferman de fiebre amarilla selvática a grandes distancias de las ciudades, y no se preocupan en buscar atención médica durante la viremia; el cuadro sintomatológico es parecido al de una gripe fuerte, de modo que usualmente el paciente no se da cuenta que está enfermo de Fiebre Amarilla durante esta primera etapa. Solamente cuando entra a la fase de toxemia va él mismo, o es llevado a un hospital de la ciudad, pero entonces ya no es infectante para los mosquitos Aedes aegypti y, por lo general no llegan a establecerse cadenas de transmisión.
Durante un brote epidémico en el área petrolera de Tibú, en Santander, Colombia, el personal médico del Ministerio de Salud recibió facilidades de los Ministerios de Marina y Aeronáutica, para localizar enfermos de fiebre amarilla selvática en las áreas silvestres circundantes, mediante helicópteros, para prestarles asistencia y tomar las informaciones que les permitiesen establecer las dimensiones y la intensidad del brote. Varios enfermos fueron llevados por helicóptero desde sus viviendas en plena selva, en lugares de difícil acceso, al hospital de Tibú, donde algunos se recuperaron y otros fallecieron.
EI grupo de trabajo de Entomología Médica realizó pesquisas larvarias, encontrando que en la ciudad de Tibú existían índices variables de infestación por Aedes aegypti, según los barrios y que en los propios jardines que rodean al hospital existían varios criaderos del mosquito, con abundante número de larvas. El grupo de Epidemiología realizó encuestas
hemáticas entre los pobladores para detectar la presencia del virus, o sea la ocurrencia de casos autóctonos, o introducidos, pero los resultados fueron negativos. En conclusión, pese a la presencia de enfermos de fiebre amarilla selvática y a la existencia del mosquito vector en la ciudad, no ocurrió una epidemia de fiebre amarilla urbana. Como se ha explicado antes, la razón es que ningún enfermo llegó en etapa de viremia, cuando el cuadro sintomátológico tiene escasas manifestaciones y hasta puede pasar desapercibido, dependiendo del grado de la enfermedad.

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